Sinceramente, Dulcinea de la Mancha, pasó. No arrepentido, «equivocado» puede.

Pura aldeana con deje al hablar y casi correcto escribir. Sentí largamente el enamoramiento. Entendí a Don Quijote en propio pellejo ¿Cómo pude enamorarme de «una belleza» tal? Ni una la podía ensombrecer por Gran Vía de Madrid. También, asevero imborrable, es de ratificar. Que, […]