El amor pide camino sin decirlo, pide deslizarse, pide «lo que hacen las olas», «llegar con su fuerza hasta el final», cada ola, en las de la vida. «Momento anterior, concurrente o siguiente, circunstancia, duda, temor, atrevimiento, elección», son componentes de cada oleada en vida.

El amor, aunque sean momentos que desaparecen o terminan o se mantienen un rato, se rinde para dormir, soñando o no, transeúnte, porque anochece y amanece. Transita, se ilumina y apaga. Se alarga o encoge. La intensidad del amor sobresale puntualmente pero su reto, es dosificarse, sin querer, sin buscarlo.

Cada persona se hace capaz de incrementar, más o menos, las oportunidades de su vida con quien quiere o ama.

El amor sabe que, el rigor o valor humano, reside, en querer llegar hasta el final, hasta cada ola… que se mantiene, llega y termina con su fuerza. Que, el amor, toma su autonomía y, se enfrenta, hasta el final, sin rendición, sin pausa, hasta el fin.

Que, no es un asunto, de querer mucho o poco, que esa capacidad no se controla ni se decide. Se quiere o no se quiere; se ama o no se ama. Pero, cuando se quiere o se ama, el querer y el amor, toman su iniciativa; y se olvidan del propio ser humano y dejan de pertenecer casi a él. El amor se identifica en la lucha por llegar dándolo todo. Es él solo.

Podemos acomodar el amor, tratarlo bien, estar a gusto, calcular, intentar hacerlo bien, socializarlo, ofrecerle consumo, divertirlo, entretenerlo, hacerle reír, desear dirigirlo a su propio origen; el espiritual, intuitivo, abstracto y concreto; homenajearlo con valores que no se comparten o practican. Ahí la diferencia, del amor en sí mismo, y acercarnos o alejarnos de él. Dejando a un lado, el amor de conveniencia consumista, el amor al cual se le responsabiliza y se le echa culpa de no funcionar como debiera «ese nombre con que se apoda o bendice»; estamos nosotros para continuarlo o sincerar, no por falsedad sino de vacíos o tiempos ocupados.

Desnudado y desocupado; el amor se hace libre, sentimental, más bravo, más reflexivo, deseado, querido, amado, compartido, entregado. Comienza a engordar valores sin usar o meter. «Olas de mar» y nosotros, con tiempo libre, con llegada, también con final, pero sin rendición. Cada ocasión, amor; sin saber de tiempo, desarrollado, saludable, sobre todo libre en lo personal. Donde el amor pide camino… donde facilitamos su amor, donde el amor ofrece tiempo que no es reloj sino amor; sin más ¿Qué hora es? -Mirar la hora porque el reloj no tiene reloj-.

Una forma diferente de vivir, no el amor, sino una nueva forma de vivir. De hacerle sitio, de servirle. Ser nosotros. Recibir directamente de él aunque, alguien acompañando, haya. El amor puede deslizarse y llega con la cantidad que tiene. Y una cantidad distinta cada persona tenga, si logra convertirse con amor, el amor completa las cantidades, hasta que pesan y miden igual. Un amor, como olas de mar, se bastan solas; sin extras, despistes de alrededor, orillas bonitas o feas, son bonitas pequeñas o grandes, porque cada una llega con su fortaleza, con auge del amor. Sin nada, que lo embellezca, más. Cuando se practica, ¡invisible pareces belleza!, y que no se te vea, ¡basta para saberse aún más!, tu amor bohemio o transeúnte.