En el amor renaces, vives a la otra persona toda su vida aunque no te lo diga. No pudiendo lanzarse por precipicio ninguna edad. Es lo bueno también, que no se nos pierda nada. Por tiempo que pase, al amor no le pasa, se infiltra. De tal manera, puedes revivirlo. Nadie lo impide ni nada. El amor logra que el tiempo permanezca. Así, ocurre que coincidan dos personas.

El tiempo, sí se volatiliza sin amor: «se escurre rápido, entre rocas, muy claro y ruidoso día por día, arremolinada efervescencia». A la mentalidad le puede el momento, que sin amor no ocurre nada grave. Parece saberse que escasez de lo propicio no hay. Un solo entender en que se deja pasar de largo el amor, no se comparte la coincidencia de dicho momento o del tiempo; como otra rutina cualquiera que reincide.

La coincidencia posee la oportunidad de contemporizar. Compartir fragmentos, sincronizar lo que cada hombre y mujer cree que es el amor. Se comparte… se intercambia, se dialoga, y tentativas de emoción se atraen, sean palabras, ideas, aquello donde se mira; y se comparte momento pleno. Tiempo, que no es otra cosa que sentimiento, que se despista con otras cosas, pero coincide típico compartir. No perder su cara, su mirada, sus ojos, cada detalle, cada cosa que no se ve, y sin poder explicar se adivina aunque se hable de lo que sea. Se vive lo mismo. Se está recogiendo amor en la coincidencia, en el compartir, en estar juntos, en escucharse, en que un día sea largo. Que ni la noche lo acaba. Sólo el sueño. Dormir para reemprender amarse más.

Amanece, alborea, renace lo mismo, el amor. Y vuelta a compartir. Hace feliz simultanear las caras, los roces, las escuchas, como la Naturaleza que comparte igual con sus elementos vivientes el tiempo. Puedes comentar con otras palabras que amas, hables de lo que hables. Cualquier tema es sólo una experiencia o anécdota pero eso mismo, si al compartirlo hace feliz, ya el tiempo vuelve a ser a la par. Y se mantiene. Sientes extrañeza fría, ávida, no compartir por razones sociales o circunstanciales, que ni un beso calma. Es muy fácil compartirse y que nada lo impida, el pretexto no cabe.

Enamoramiento ruborizado; luna de miel crepuscular; amistad larga; los días lluviosos con el agua; los días de sol azules; el frío a cero grados; compatible en sí mismo cada ejemplo mediando sus duraciones de tiempo. Tiene cada uno su reaparecer permanente. Celebras días, momentos, casualidades, cada año, en distintos meses, al día varias veces, y varias veces a la vez, continuamente. No definamos el amor. El tiempo pasa, sin embargo se frena al compartir si las dos partes coinciden; el tiempo es sólo testigo. Así lo que hace envejecer es un amor adjunto permitiendo amarse tonificados, avejentando cualquier otro tiempo sin amor.

Con amor, el tiempo permanece, al convivirse el tiempo. Sin tiempo él y sin tiempo ella, tenerse en sí, amor compartido, el tiempo. Feliz sin saber porqué, amor sin saberlo, feliz tiempo.