¡Adiós! ¡Hasta mañana! ¡Hasta luego!

El misterio del adiós. Del último adiós, del primer adiós, y uno de otros más. La vida es más bien por días que por años, con resplandor ocaso amén de nacer. Pequeño adiós. Que dura poco. Supuesto saludo. O benjamín amor.

El adiós del tiempo coadyuvado de lugar las palabras. Un lugar emocionante, un lugar último, un lugar no olvidado, un lugar que fue otro lugar antes o después de ese adiós. Lugar rodeado de más lugares o adioses. Lugares de adiós ¿Quién no tiene uno claro o primordial u otro más? Lugares sin voz, sin manos, pero con adiós. Espacios que no tuvieron adiós sino necesitados cuentos y acurrucadas palabras. Adioses que, aún en lugar vulgar, hicieron insuficiente el sitio o desvaneció éste.

Adiós, de frío refugio, lluvia severa, sustituyéndose por el abrazo sin mirarse a los ojos. Atrancado, intocable por nadie más aparte. Tenaz, con brazos y manos ciñendo la espalda. Sin respirar. Adiós. Verdadero. De pocas veces.

Olor a adiós. Sabiendo fecha. Teniendo tiempo antes. El que se aproxima. Con círculo en calendario. El adiós que no pega ojo. El adiós descifrándose guiñando el ojo. El que viene de cruzarse. El de olor que retrotrajo una causa anterior. El adiós aunque, invisible, visible.

El adiós de la mirada. Despedida de lejos, desde lo alto, desde la deducción. Generalmente, de un amor sin decir. Intrínseco. De origen distancia y destino. Parabrisas largos de adioses sin interrupción. Adiós de gesto inequívoco para cualquiera. Adiós usado en guerra enorme sobre minúscula gente de paz. Adiós sin nacer, de mutua ausencia o no regreso.

Adiós muy escuchado. Fácil, cómodo, tatuado en el oído sordo de tanta escucha. Grabado de inclinación. En golpe de beso, sonado. De puerta de casa. De correr a darlo. De ser mutuo, rutinario pero, nuevo, cada vez. El adiós sin fin de abajo arriba. De frente. Y adiós inocentemente longevo. Adiós liso que se arruga y une…

Valiente. Sudado sin calor. El que no se dio. Otro cambiado por hasta luego. Y hasta luego sin saber cuándo. El incalculable. Tierno. El adiós que, nunca se quiso dar, por no estar en nuestras manos; adiós… «Hasta mañana si Dios quiere»… se dio. (Mas no quiso).