El Disco-Pub, al esfumarse el aforo, tinieblas en cirio, ambiente de alucinación, bebidas adultas y enanas damajuanas, guiñol de repisa el Día de Todos los Santos, una docena malvas amortajadas en cera. No podía haber acobardamiento. Más allá emborrachasen las mariposas que sentimos parecían cotillear la pared. Las del estómago, conscientes esa noche del embarazo etílico de tragos y chupitos, de idilio. Segundos de agrado, minutos de satisfacción. Olor licor. Deseé, en segunda canción… a dos, una reencarnación en Amadeus con Marianne Martines, recomponiendo notas musicales, aunque sus centurias martillasen blanco y negro hoy las mariposas nuestras. Almas gemelas… previeron el anhelo (no estaba, ¡no!, no estábamos borrachos), se bamboleaban miradas

En barra del mostrador acompasaba, Alicia. De maravilla: delicia, delicia. Dos causas del querer. El cuidado de los ojos, cuidar sin besos los ojos, sólo mirar sin tocar, conforma. Pero, ¿si mirar lo es todo? Y todo basta. Si los ojos acercan a la vez el fondo ¡Y, ese fondo, es siempre en los ojos! Si los restantes extremos penden del fondo o entran por ellos. Y, ni respirar, tras tanto fondo. Si los latidos tres palmos más abajo… suben, y rebotan entre pestaña y pestaña, ¡ilusionismo a la vista! Si los gritos acallados y confinados, ¿empujan arcadas a la lengua, por aguantar? Y, dos Universos, fugándose sin Júpiter, por el interior de los ojos, como peces de acuario o luces leds. Amor mirado.

Dulce. Si la dulzura en la oscuridad es de los ojos. Y lentitud dispara la mirada. Si, de cerca, han traído los ojos, el infinito. Y volviéndose a querer, ¡onomatopeya!… porque no había palabras. No hacían falta. Y, un beso sin dar, amplificaba la contemplación cumpliendo ¿Si se creaba natural mirar? Una poca afirmación comportaba cariz y, un ápice de seriedad acercarse, enternecía. Los Universos por ella, apartándose. Ahora es, queriendo con su querer, dulce Toboso, Alys.

Paz. Ha dado pasos que acercó su ser. Entrega, calma, realidad. Y más fácil el besar ¡Qué cariño delicado ensancha labios sonriendo! La mirada se ha mesurado, tocando y dejándose tocar. Nos ha pensado con modestia. Sigue admirando sabiendo un porqué. Y el respeto entretiene, y quisiera abrazar, diciendo: ¡Existimos! También el silencio, ha respetado, ha participado magnetismo.

Hipnotismo. Nos ha clausurado. Sin otra fijación, ser a ser. Los ojos nos exigen darles su tiempo. Moverse. Decirse. Tocarse de otra forma. Que se la juegue, la caricia. Eclosione otra realidad. Enjuaguen nuestros destinos. Y surja una nueva habla. Aunque sea, una sonrisa nos trace. Subir montañas con manos campeonas y, por fin de una vez, el rozar. Conscientes, los ojos siguen a lo suyo. Quietos no paran. Imponen. Y no han dejado de apuntar el Universo, las caras, los iones.

Inocencia. Evolucionándose la sonrisa ¡Bienvenida! Sin condecorar otros gestos dicha felicidad. Merecida. Cinco de fetiche o rosa pastel chicle.

Humildad con la cabeza alta. Sencillez que prevalece cuanta más tez palidece. De soslayo, movía un pie, ligando el estilo preferido de zapatillas negras de cinta rosas. Amaestraba líneas a sus vaqueros económicos. Camiseta de dibujo partido y mitades cabellos negros tapándolo. Púrpura de labios. Cara puede que sin pintar. Postura de bondad firme y guiño cómplice de dedos significándose a la suerte.

Valiosa mirada herida sentimental a la que no decir no. Tentación amiga de amar. Retén o macizo de confianza sin decaer. Pisadas corriendo orilla arriba… ¡Cielos de filantropía!

Valiente carácter independiente. Muy fuerte sola. Amor infrecuente. Verdad edad. Halagadora de lo representativo, de la nieve primaveral, del granizo especial cuanto más irracional. Servicial, vocacional. Mujer, sin Adán y con don, sin preservar.

Alabada mañana en despertar. Ojos extraños de corresponder la luz al encender. Corta fe de labios, creyentes besos sabios. Dos.

Hado ha segado 1973 pétalos gordos a 2019 flores. En el fondo de los ojos, infinita Alicia… perenne alisio, enigmática fina blanca sonrisa de vértices, incipiente alma. Entreabierta ejemplaridad. Magnífica y manifiesta alma.

(Lucky bamboo): «Todos dejamos huella», transcribió textual, ella.

No mojaron las alas las copas… (nuestras mariposas interpretaron y volaron): «¡la…la…la…! las… alas… las…».

Amadeus y Marianne Martines, atónitos, anunciaron… ¡Enloquecieron!: «Miradas de amor a los ojos».