Una misma cosa. Con igual precio. Cada semana. Y no igual demanda. La publicidad no es tonta ni lista. Después de muerto, se adquiere más valor.

Si, por ejemplo, digo: «Mañana ya no habrá web. He decidido eliminarla».

Enseguida se presta más atención. Interesa más la web. Sea un periódico, un semanario, una revista mensual, etc.

Después del adiós, existe una sorpresa mala, por lo general. Y, tras un adiós definitivo, surge lo irremediable, la impotencia por eliminarse una existencia como si fuera una vida, o un amor, sin serlo. El desvivir (…) por tenerlo. Aunque sea mediante precio irracional. No importa lo que cueste, lo importante es tener algo antes de su adiós o después.

La vida sin darle importancia, la tiene. Lo que se hace con virtud, se esté de acuerdo o no. La virtud, lo único, lo especial, lo inigualable, lo último, lo primero, lo que se termina, lo que terminó. Te vuelve sentimental, te encapricha, te hace «un niño/a buscador/a». Como que buscas amando. Y escasas veces ocurre en la vida, después la real infancia. La verdad, sea pequeña o grande, aunque casi siempre se vislumbra en pequeño, urge. Sobre todo si tiene forma física o material. Sea un tatuaje, una joya, un recuerdo, sea una dedicatoria, sea un libro. Sea algo que guardaste o que puedes comprar y guardarlo. Tiene una pequeña vida dentro, se sepa y aunque nadie más lo sepa.

Por ejemplo: Un coche nuevo tiene el precio del concesionario donde los venden. Le ponen exclusivamente el precio de coste más el beneficio que desean obtener. Si ese coche, lo compran, y con el tiempo lo venden, puede tener un precio más bajo salvo, pasen muchos años, y se convierta en excepcional y suba su valor y su precio desmesuradamente. O puede, una vez comprado, que ese coche, sufra un accidente y esté para el desguace. Pero antes, lo observas y ves cómo quedaron los hierros aún con forma de automóvil pero hay manchas de sangre, el volante torcido, los asientos doblados, y objetos perdidos fueron de sus ocupantes. Ese coche, se admira con mayor atención que si fuera nuevo, siendo un auto para la chatarra solamente.

Esa mayor atención ocurre a una multitud de personas o público. La circunstancia, la desgracia, el final, el adiós, aunque se desee «dar marcha atrás», y poder darle el mayor valor, a lo que antes tenía menos, no se puede. Ello le hace perder su precio inicial para tener un importe de puja incluso inalcanzable. Aunque al amor o a la vida le pase eso, adquiere igual valor que ellos posteriormente una valía física, sea cualquier cosa de cualquier adiós.