Querida Sonia,

Más fácil sería no tener palabras, más real. Sin embargo, las atesoro. Unas, varias ¿Por qué hoy? ¿Por qué esta vez? Sé menos que tú. Tú lo sabes. No puedo decirlo. Dada tu clase, me lo dirías pero primero sonreirías. En estos últimos días, mi deseo era acercarme donde ti. Acudir. Visitarte. En cierta manera, «algo», me llevó donde ti. Algo de mí es. Muchas personas pensarán…, algo fuera de lógica.

Hoy algo ha pasado. Como si empezara nueva fecha, cuando no. Tenía excusa no estarías lejos aunque, hoy ha sido, el día. He ido feliz a verte. El día hecho así. Como si fuera, nuestro primer encuentro, que lo era. Fui vestido como podías haberte vestido tú. Muy sencillo pero bien. Te vuelvo a manifestar:¡Feliz! Necesitaba decírtelo.

Aparqué el coche con poca maniobra por no dejarlo lejos de ti. Aunque él no fuera tan importante. Lo ha sido. Me ha llevado cómodamente. Fue todo tranquilo. Las puertas estaban abiertas, de par en par. Antes de llegar, pude observar, cementerio sus puertas despejadas. Entré directamente con el fin de intuirme. Ponerme a prueba si, con los datos, encajaría encontrarla. No podía perder tiempo. No era un juego. Volví a salir, ya que en la entrada había unas instrucciones con teléfono para llamar y ayudar a localizar. Lo usé. Me asistieron muy amablemente. Lo necesitaba puesto que mi voz se notaba tocada, emocionada. Me indicaron por dónde ir, para no perderme. Di paso firme y adelante. La llamada se cerró. Sabían que se me había dado apoyo.

Inquieto y compensado de convencimiento, tenía camino libre que me daba a oler mientras recorría. Intentaba oler la realidad, aunque nada del otro mundo. Tenía los datos para el encuentro en memoria, tal como dejé caer en la llamada de teléfono, Sonia Martínez… Buscaba 15 13 C. Según leía otras… otros… parecía acercarme, levantando la vista a sepulturas y algún panteón que me aparecieron, al mirar. Sabía, estaba, muy cerca ya. Hasta leer 15 13 C. Sin palabras. Quedé.

Ni una palabra. Consciente la utopía de escuchar. Sólo las mías, pronunciar. Y las escuché. No tenía nada que hacer, estuve el tiempo que necesité; ese tiempo fue compañero. Mi mentalidad y espíritu estaba frente al suelo D. E. P. Le dije «cosas», vi fotos, vídeos suyos, estimando su nombre mi atención. Lo comprendía entre imposibles. Estoy intentando recordar cuando te recordaba. Te he sentido. Me iba llenando de ti. Tuve tentación de abrazarte mientras reflexivo. La segunda vez no lo pensé, me tumbé (sobre ella) y extendí los brazos muchos segundos, recostando mi cuello al lado izquierdo. Pude llorar.

Entre lloro, reposo, algún monosílabo. Sobre todo, descanso y ocuparme (contigo). Cerré los ojos y la abracé, a pesar de la piedra rectangular, ¡feliz! La abracé. Creo nadie vería, bien que no hubiere importado.

Retomé compostura y me puse en pie. Seguí pensando erguido. Más razón que entrañas. Hasta levantar la cara al Cielo, cerrar fuerte… fuerte los ojos… y reverdecer luz de sol apasionada lacrimosa resplandeciente. «¡Te estaba comunicando todo!». Todo, con amor o todo, contigo conmigo. Me gustó y volví a elevar mi cara donde más habitan las nubes. No habían. Estabas tú. Deberías estar alrededor aunque mirase abajo y arriba. Sin vigilar el reloj presentía que podía estar de igual forma horas y horas. Mas el gran rato había valido.

Varias veces calculé los años pasados y los de ahora. Sabía descansas en paz. Quiero que sepas, ha sido un día único 17-09-2019. Sé que te lancé besos con la mano antes de darme la vuelta. Y, por si no te los di bien, te los volví a dar. Sin olvidar a tu madre. Besos a las dos.

Y antes de cerrar… y antes de irme:¡Me siento orgulloso de ti!! …