Sólo cabe el amor. Está todo creado para eso. Si te centras en el amor no hay nada más.

Sitúate en quien más amas. No digas quién. En alguien habrás volcado el amor de verdad, cuando podías o cuando no. Ese amor, sin que sea el primero ni el último te puede significar. En el momento menos esperado. Menos deseado incluso. El amor nunca desaparece. Es como «un campo de flores, no están todas juntas pero puedes amar a todas por igual o cada una de ellas». Amas. Amar no es sólo amar a un ser humano sino que se puede amar a más. Si no es en un momento es en otro. En definitiva, amas. El amor existe y también dentro de cada persona.

Con lo que vivi, se tiene que dar algo de lo siguiente:

-Que te guste excepcionalmente algo de esa persona, sólo ese algo.
-Te demuestre que te lo entrega o no te pone barreras.
-Que eso sea algo suyo exclusivamente, nada tuyo.
-Te haga sentir lo que con otros no puede hacérselo sentir.
-Que por unos pocos minutos seguidos te quedes prendado con esa persona.
-Te hayas entregado sin decírselo, se haya dado cuenta o no.
-Que le hayas podido ver algún defecto, a pesar de su sonrisa o risa.
-Te hayas dado cuenta que ha hecho algo por ti.
-Que todo eso haya sido compartido en lo mejor que se haya intentado.
-Te des cuenta que se ha creado amistad sin las condiciones de la amistad.
-Que seas «capaz de sentir un vacío», fuera de tiempo o lugar, aunque la hubieras olvidado mentalmente, cuando esa persona desaparece para siempre. Cuando ese pequeño vacío en realidad, es un abismo.

Cuando «no te vale ver todas las flores del campo si ella no está». Era una flor de amor, seguro. Se hizo…