La vida es demasiado bonita para que le pase tiempo.
Todos aquellos presentes con sus amaneceres y anocheceres.
Sin calendarios que importaran porque no trascendían.
Era imperecedero. Las oportunidades eran circulares, volvían.

Los días eran aliados las veinticuatro horas cada vez.
El presente ocurría con un ligero ayer que el presente lo cubría.
Parece nunca terminar sentimental presente de ayer y siguientes.
El amor está prensado, concentrado, momento a momento.

Poco más feliz es lo nuevo que la felicidad segura convivida.
Debería seguir sin fin porque es demasiado bonita la vida.

Lo bueno no tiene por qué cambiar si no necesita mejor ni peor.
El amor es un oxígeno que vive sin corriente tan sólo diálogo.
El abrazo sirve para frenar físicamente el tiempo veloz.
Un beso es poco para cerrar paso al tiempo sin abrazo.

Amar es demasiado poco para utilizar el abrazo o el beso.
Usar la vida con todo el día sin fin actualiza el presente abrazado.
Dormir sirve para conservar el tiempo, el beso, el abrazo.
El descanso, dejar respirar alrededor, madrugar o la siesta.

La vida es demasiado bonita para que le pase el tiempo.
Somos parte de vida, abrazo, beso, sin contar alegrías futuras.
Enamorarse es indefinido, indeterminado, imperecedero, bonito.

Demasiado bonito para demasiado bonita y que a la vida le pase.