A gente le da vértigo la altura. A otra al revés, adrenalina. Difícil tener un punto medio, que ni una cosa ni otra. Al igual ocurre con el tiempo. No es la primera vez, oír: «¡Vive el presente! ¡El momento!»… Por vértigo al tiempo, no mirar pasado ni tan siquiera futuro. El amor, sea lo que sea, se halla efervescente, disuelto en tiempo; es parte oxigenada del propio tiempo, sin más.

El tiempo, puede acompañar, a través de un corte de respiración, nuestra observación. Sigiloso, no es tan invisible, aunque sentirlo implica voluntad de sentirlo. Ser consciente que se le quiere sentir, como cuando sabes que algo va a llegar, y tienes que estar preparado; no sólo esperas. Sino, piensas, crees, en lo que va llegando y está por llegar. Como cuando pones cariño por algo que debes esperar. Ese cariño hace soporte a ese algo. No importa ese algo sino, el cariño, el deseo, «el amor», la bondad, la ilusión, puestos en esa espera. El tiempo de cariño o aval… no es directamente tiempo para ese algo sino, efecto del afecto; el lapso o amor en sí. Otra forma de sentir «el tiempo». Fase de espera dulce, anímica, ladeada, que no encumbra o pica lo a gusto que estás.

Se puede mirar atrás, y sentir carencias porque el tiempo arrasó presente. Presente aún en fotografías o vídeo. Una misma pintura o cuadro, se retratan ya por siempre en quien lo atiende o visita. Como cuando te citas en un museo, sabes que vas a observar. Vas a mimar inconscientemente. Vas a valorar. Vas a apreciar. Vas a posicionarte en su lugar aquel tiempo. Vas a comprender, tratar de… Renuncias a tu presente por ilusionarte en lo abstracto, en lo desconocido. En querer continuar observando, olvidándote de ti. Como cuando estás enamorándote… ¡Arte!

Enamoramiento dondequiera su tiempo. El momento importa. Enamorarse está muy reñido con las circunstancias personales, no sólo por la belleza. Una persona bella, un año te puede decir algo, y si fuera en otra época podría no decir nada, y en un determinado mes y año decirte todo. La mujer bella o el hombre bello, a la vista de quien se enamora importa su paz física, su paz mental, su paz de actitud, su paz de entrega, su paz de poder perder, su paz dispuesta y disponible. Todo eso es observación que se va royendo de presente. Estás, con esa persona como si fuera el Museo de Orsay, París. Es, tiempo, único, excepcional. Un tiempo amado termine o no. Tiempo pero es amor también. Mezcla mixta difícil de enseñar a cualquier amigo/a, y contarle: «Me pasó… me está pasando… o estoy enamorado/a». Actual vértigo desde atrás. Ese principio, que siempre es principio, como presente eterno por mucha noche que se vuelque encima o blanquee después.

Levitar hundido en esa eternidad de veinticuatro con otras veinticuatro horas, es mágico presente o mágico amor. Podrá ser vértigo o altura las mariposas evoquen aquella observación que se tuvo y duró. Se puede saborear el presente pero no sin antes alimentarlo o vivir. Saborear lo ocurrido, su inmediatez. Nuestro Yo, con quien nos preguntamos cosas inacabadas, nos presenta, hace enamorarnos algo alrededor en la inmediatez o todo después. Llamémoslo alma, corazón, amor o cómo sea cada uno de nosotros. Recuerdo porque había tiempo, hace tiempo, hace buen tiempo… Tiempo, porque había amor, hay amor, hay buen amor…